Parece mentira, quién nos iba a decir, que nuestra temporada de centenario iba a ser tan convulsa. Temporada además que iba a coincidir con nuestro ansiado ascenso a la primera división, que habíamos perdido de vista hace 24 años.
Todo pintaba maravilloso, el eje de la comunión club-equipo-afición se había alineado como pocas veces se recuerda y teniendo en cuenta la exigencia constante que tenemos como afición, no es cosa menor este apunte.
Todos sabíamos la dificultad que exigía la nueva categoría. A su vez, todos éramos concientes de lo complejo del comienzo de nuestro calendario, con la mayoría de los «cocos» de la competición adjudicados en las 7 primeras jornadas de liga y aún así, prácticamente en su totalidad la gente fue paciente.
Quizás para algunos comenzó a saltar la alarma cuando tras concluir el mercado de fichajes, no se llegaron a cumplir algunas de las espectativas creadas por el propio club. A partir de ese momento, si hay quien comienza a señalar una posible descompensación en la plantilla y a mostrar ciertas inquietudes.
Aún así no fue hasta la destitución de Paunovic cuando todo saltó por los aires. Para ser justos, creo que el hecho determinante no es ni remotamente la destitución, pero si la designación del sustituto. El elegido había sido, ajústense los cinturones… Luis Carrión.
Es evidente que la decisión iba a ser no polemica, sino un auténtico incendio y lo era también que las declaraciones del máximo responsable de Pachuca, vinculando el nivel de la plantilla con objetivos mucho más ambiciosos que la mera salvación, tampoco iban a ayudar en nada. Ni en la búsqueda de la paz social ni en la comprensión de la afición hacia los futuros resultados que se cosechasen bajo la dirección técnica del reciclado Carrión. Si los primeros resultados no acompañaban y no se mejoraba clasificatoriamente, lo que ya estaba siendo un incendio podía acabar convirtiéndose en un auténtico volcán de lava. Para nuestra desgracia son ya 5 los partidos dirigidos por el nuevo míster sin conocer la victoria, que sumados a los 8 de los que dispuso de crédito en Las Palmas, dejan un bagaje de 13 partidos en primera división sin conocer una sola victoria.
Números muy preocupantes.
Esta es nuestra realidad a día de hoy y con ella tenemos que lidiar, pero también tenemos entre todos la responsabilidad de sacar esto adelante y procurar ser parte de la solución y no del problema. Plantilla, cuerpo técnico, dirección y afición estamos obligados a centrarnos en lo importante que es el bien del Real Oviedo y recapacitar en medida de lo justo, si fuese necesario, porque entendamos que sea mejor el bien del club que «tener razón».
Aportar y sumar todo cuanto podamos para que no quede duda de cuál es la buena, si la de cal o la de arena.
Miguel Vicente Blanco.
